
Con todo, si Ud. estimade lecter, por cualquier razón, se sube a una de las ruinas musicalizadas llamadas microbuses, además de degustar un zangoloteo sin igual -que le va a dejar el mondongo sacudidito-, tener la fortuna de aspirar todos los aromas que nuestra condición humana expele -y unos cuantos más-, tendrá -por el mismo precio- la oportunidad de vivir una experiencia foto lúdica: psicodelia, luces neón y toda la cosa. Apapacho, aromaterapia, musicalización, step-pilates y acomodación de grasa interna, todo por $ 3.50.
Siendo estas las condiciones de vida de la masificación urbana -aplauso para Castells que ya nos lo contaba en Movimientos sociales y urbanos, en La cuestión urbana y en The city and the grassroots- pues hay que dar paso a la consciencia (y a la conciencia) y reconocer que ya no cabemos en nuestras callecitas. Y como al Licenciado le gusta ir de pose de progre por la vida, me dijo, cómprate una bicicleta y mejor muévete con conciencia, sin contaminar y sin generar tráfico.
Y así las cosas, ahí me tiene desde que llegamos a avecindarnos en el Valle del Anáhuac, estimade lecter, haciendo recorridos entre la fauna vehicular de la Ciudad de México con aires de superioridad evolutiva frente a quienes todavía están trepadades en un automovil. Total que ayer venía yo circulando en flujo norte-sur de la ciudad, pensando en sepa qué chingadera, pero eso sí, atendiendo todas las medidas de seguridad, cuando un taxista móndrigo, ánimal, bestia, cerebro de caca de cerdo, con criterio de integrante el CEN del PAN, se me acercó tanto, tanto, tanto, que me dio con su espejo en el manubrio. Ignoro si el susodicho tenía la idea de llevarme de pasaje o si tiene alguna suerte de rabia contra las bicis, el punto es que acto seguido de la colición del espejo de su vocho contra mi bicla, mi morena y malamasada humanidad salió disparada.

Alcanzada la paz que transmiten las banquetas, saqué el celular para avisar que no iba a poder llegar a una reunión en la oficina, a todas estas, justo motivo de mi traslado norte-sur. Tons mandé un mensajito a mi jefe, pus pa' que se hiciera cargo de la diligencia que yo tenía con un grupo de organizaciones campesinas toda vez que refugiado en la banqueta y con la ropa hecha un desastre, las manecitas raspadas y la chonteca medio ida, tenía la pequeña intuición de que no iba a llegar a tiempo. Ya a esas alturas, cuatro oficiales del orden estaban pidiendo una ambulancia y la gente me hacía la típica pregunta ¿estás bien? yo me buscaba sangre o el desprendimiento de una extremidad -de menos- pero lo cierto es que nel, estaba bien entero y así se lo hice saber a mi espontáneo club de apoyo emocional. Todo esto pasó en chinga, dígamos que... en menos de un minuto, le juro estimade lectur.

Pasado el acto sadico-intelecutal al que me tenían sometido, también me hicieron el favor de darme el número de placa del vocho que me "colisionó". Y estabamos en plena chacota cuando llegó la ambulancia con la sirena prendida que parecía que se estaba hundiendo la glorieta de Insurgentes. Salió un Doctor (o por lo menos de eso iba vestido el wey) y me instruyó a que me acostará en una camila. Me subieron a la camioneta que huele a puro hospital (oséase, la ambulancia) y ahí me hizo un par de preguntas, la verdad, medio pendejas: ¿Cómo te llamas? ¿Cuántos años tienes? ¿Qué día es hoy? ¿Hacia dónde vas? y luego una que sí me enchiló ¿Cómo te caiste? No me caí, cabrón, me tiraron. Luego me agarró a golpes, no se espante, con un martillito en las rodillas pa' ver mis reflejos. Me dijo, siga mi dedo (y yo pensé, en la bici o caminando, pero él en realidad quería que lo siguiera con la vista). Me revisó la oreja, quesque pa ver el equilibrio, pero yo me acordé de la maestra Montoro en la primaria que nos revisaba la cerilla. En vista de que me encontró en inmejorables condiciones de salud, me bajaron de la ambulancia y me dejaron nuevamente a mercé de la jungla urbana.
Y ahí estaba yo, estimade lecter, con la bici en las manos y bajo los influjos de la disciplina del miedo. Lo peor, a mitad de mi traslado. Ya sabe Ud. sin saber si ir pa' mi casa o pa' la oficina. Total que me armé de valor, me despedí de los polcas y me desplacé, hacia mi destino original. Llegué bien, le conté a media oficina mi chocoaventura (esa necesidad de cariño que tiene uno luego de que algún evento nos muestra lo frágiles que somos). Ya asimilado el asunto, le pregunté al Licenciado que si había que dejar la bici, atinado como es él, me dijo, si por idiotas vamos a dejar de salir a la calle, nos quedaríamos encerrados en la casa. -¿Seguro Licenciado? Le pregunté. -Sí, me contestó. Me parece que lo está y lo que es más, que la Licenciada también.
Ya por morbo, busqué en Internet cosas relacionadas con accidentes de bicicleta. Andaba yo bien claveles en eso cuando empecé a ver páginas de abogados que llevan demandas. No le voy a poner todas aquí, estimade lecter, pero mire estas dos chuladas:
Michael Cordova, flamante "abogado en leyes" de Phoenix, Arizona, nos promete: "Las consultas legales con nuestros abogados son gratuitas, y el cliente solamente debe pagar honorarios siempre y cuando haya obtenido recompensa por sus lesiones. Nosotros afrontamos los costos del caso de manera anticipada hasta que el cliente obtenga su recompensa. Si usted estuvo involucrado en un accidente de bicicleta, por favor no dude en contactarnos y hacer su cita para una consulta totalmente gratuita."
Fast Funds, loable y noble empresa que nos ofrece lindos servicios. Mire: "Los accidentes por bicicleta ó motocicleta con frecuencia tienen como resultado lesiones graves. Cuando ocurren los accidentes por bicicleta y motocicleta y resulta que hay un tercero culpable, puede hacerse una reclamación. Existe un número de factores que determinan si un caso de lesiones personales puede arreglarse en cuestión de meses ó se arrastrará durante años. Dependiendo del tratamiento medico que se requiera y una decisión del demandante ya sea para arreglar el caso rápidamente ó correr el riesgo de obtener una recuperación más alta, puede tomar tiempo arreglar un caso de lesiones personales." "En lugar de un arreglo rápido en el que no reciba la compensación adecuada que merece, usted puede obtener un anticipo en efectivo. En Fast Funds, ofrecemos anticipos en efectivo para aquellos que han resultado lesionados gravemente en accidentes de bicicleta ó motocicleta y que cuentan con abogados. En lugar de rematar sus valores ó pedir préstamos hasta llegar el arreglo, ¡Permítanos ayudarle!"
Para consejos sobre cómo viajar seguro en bicicleta por la ciudad, visite: ciclismo urbano.
¡¡SI NO TIENEN EL CORAJE PARA SUBIRSE A LA BICI,
NO NOS BAJEN DE ELLA CON EL COCHE!!
NO NOS BAJEN DE ELLA CON EL COCHE!!

5 comentarios:
me preguntó si su experiencia cercana a la muerte (nir deth espiriens) es la causa por la que no impartirá la clase de derecho a la información en la UIA, porque si se espantó por la desconsideración e irresponsabilidad de un taxista, seguramente le aterran los habitos automotrices de juniors apresurados por llegar a clase.
Independientemente de que mi hipotesis sea cierta o sea alguna otra razón, ahora si que me dejó "vestido y alborotado", y tendré que resignarme a llevar una clase que reafirme mi convicción de que la educación legal en México es como Chomsky dijo respecto del sistema educativo en las sociedades capitalistas "un sistema que impone la ignorancia".
L. García,
Está buena la noticia de que no voy a dar clase (en el departamento me habían preguntado si podía dar un seminario -con menos horas y más discusión- y, según yo, acepté). En todo caso, si no regreso no es que le tenga tanto miedo a les juniersites bravucones y a sus prisas (que si dan algo), como sí le tegno a sus comentarios en el salón. Esa de chomsky hay que juntarla con la duncan kennedy sobre educar para la jerarquí... "tenemos un sistema que impone la ignorancia y entrena para la jerarquía"
Oiga licenciado, no hubiera estado chido el detalle ese de que el polecía le dio los datos pa que acudiera a la autoridá por posibles daños causados por la bestia motorizada???
Comadre, ora sí que me ha hecho usté caer en un desacierto. Hay que darle su mérito al polecia, que como quiera apunto los datos del vocho asesino. Un aplauso al guardián del orden.
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