Como en la calamidad no hay límites, resulta que mi tarjeta de crédito ya no tiene saldo disponible. Uno piensa, ¿qué más puede pasar? Sácatelas, que el cajero de HSBC se va tragando la tarjeta en la que me depositan la nómina. Con la mirada al piso y tirando de la paciencia de reserva que el Licenciado... y la Licenciada también me enseñaron a construir, que llamo a HSBC por teléfono, sólo para enterarme que el atentado -eso sí con éxito total- a mi fragilidad financiera fue una medida paternalista tomada en mi beneficio por el sistema del banco. ¿La razón? Que dado mi historial de moreno semiurbano con antecedentes rurales y "poco pasiado" les resultó raro que días antes dispusiera dinero en Washington DC. Pus si ahí estaba, pensé. En fin, le contaré si pude o no regresar a mi país. Por lo pronto, a lo nuestro.
Como primer punto en atención al tema de este post, lo serio. Mire cómo se vive la "influenza" en algunos ambientes altamente reverenciales, serios y sacros:
¡Que el tapabocas!


¡Que la nueva moneda!
Luego, pasemos a las bromas. Y es que ahora resulta que frente a lo que vivimos, la regla es el desorden informativo y una suerte de exquisita desinformación (que conste que el Licenciado... y la Licenciada también, lo dijeron primero). Si no nos cree, "íre" estas dos probaditas:
Aquí una de Pepe Cárdenas
Aquí una de Pepe Sarukhan
2 comentarios:
Miguel que buenas fotos... al mal tiempo buena cara... porfa sube cuando puedas este post a B.I.
Gonzalo
Jajaja.... Un poco de humor para el desestres
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