
Y alguien me dirá: es que incrementa un estereotipo. Naaaa, también lo hace Speedie González y no veo a la Canciller mexicana pidiéndole al Cartoon Network que retire la emisión de esas caricaturas. Vamos, abusan del estigma miles de películas y no veo a la Cancillería pidiéndo a una distribuidora que detenga la difusión de una obra cinematográfica. ¿O será que el embajador es víctima de esa visión estupida y desaterrizada de lo mexicano como mestizo o, peor, casi europeo que hace que la publicidad comercial nos presente a delgades, afinades y caucásiques modeles en la tele y los espectaculares urbanos?
Si el embajador, con todo lujo de despropósito, cree que presentar esa imagen es denigrar lo mexicano que se entere de una buena vez que también lo hacen en Polanco, sobre la gente de Tepito, lo hacen mis alumnes de la Ibero sobre la raza de la UNAM (y sobre mi mismo les racistoides) y seguramente lo hace su familia (no la suya estimade lectur, sino la del descriteriado embajador) sobre las criadas y el chofer (así, ellas y él). La cosa es sencilla, esa publicidad puede ser de mal gusto, si le parece, pero no me venga con cuentos de que es denigrante de la cultura mexicana y mucho menos que agravia la imagen internacional del país.
Eso sí, el Licenciado, que todo lo ve medio truncho, considera que una intervención tan decidida de alguien que no deja de pertenecer al Estado mexicano con tanta presión y fuerza, "invitando" a alguien a que deje de emitir un mensaje es una nueva forma de censura. Digámosle: censura diplomática.
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