martes, 13 de enero de 2009

Futbol y el interés superior del niño y la niña. ¿Sería posible un enfrentamiento entre la FIFA y el Comité de los Derechos del Niño?

La vida está llena de enigmas y preguntas relevantes pero de díficil respuesta ¿Cuál es el número promedio de granos y espinillas que le salen a un joven de la región de Coatzacoalcos, Veracruz, entre los 12 y los 19 años? ¿Es mayor o menor que el número que le salen a las mujeres que viven en la periferia de Izhuatlán del Café? ¿Ambas tendencias han cambiado con el tiempo? ¿Cuántas personas fueron registradas con errores de ortografía adjudicables a los secretarios del registro civil de Cadereyta, Nuevo León entre 1982 y 2007? ¿Cuántas personas en los estados de Michoacán, Quintana Roo y Tamaulipas cuyo nombre empieza con W saben deflactar y cuántas que nacieron en septiembre de 1977 en Toluca, Ciudad Sahagún, Guaymas y Tlalnepantla tuvieron una novia cuyo nombre empezaba (o empieza) con K? Con franqueza, así me podría seguir hasta el infinito, sino fuera porque de por sí ya nadie lee este blog -como para hacerlo más aburrido- y porque mañana tengo una reunión temprano y ya me quiero dormir.

Así, entre todas estas interrogantes que alguna vez han cruzado mi morena cabeza hay una que le quiero compartir y da título al post ¿Qué tienen que ver el futbol y el derecho internacional? La verdad sea dicha, no lo tengo muy claro. Pero le tengo aquí, estimadérrime lectur haciendo este esfuerzo de concentración pues en diciembre leí una noticia que me puso a imaginar tensiones, colisiones, nuevas batallas jurídicas y pronunciamientos de la comunidad jurídica internacional y del mundo de los Derechos Humanos. Mi pregunta detonadora surge de la puntada de Arsene Wenger y el club de futbol Arsenal (su empleador) quienes quieren fichar a un pequeño de 15 años de edad. El muchacho es brasileño y se llama Wellington (¿a poco no 'ta chulo el nombre?).

Pero ¿Se puede contratar a un joven de 15 años? ¿No hay Ley del Trabajo en Inglaterra o edad mínima para poder contratarse? ¿Qué significa llevarlo a vivir a otro país y hacerlo firmar -a los 15 años- un contrato por los próximos, dígamos, 5 años? Póngale Ud. más emoción a la cosa. Imagine que Ud. es el padre de Wellington y que el sistema capitalista lo ha hecho violentamente una de sus víctimas favoritas y es Ud. una auténtica pieza de exposición de lo que la exclusión social significa. Sumado a ello, de conciencia de clase ni hablamos, a Ud. esa condición de pobreza le parece injusta y una mala pasada, pero aquello de la desigualdad estructural de plano ni le suena. El sistema es injusto porque Ud. es pobre y le tocaba ser rico. Sólo por eso, así que remediada esa canallada, pus el cosmos estará balanceado.

Y ahí está Wellington, en un entrenamiento en las fuerzas básicas del Fluminénse. Y Ud. le mira, con esa gracia que tiene para la gambeta, esa potente pierna izquierda y esa educada pierna derecha. Wellington es, pa' colmo, rapidísimo mentalmente. Se saca de la chistera las soluciones más ingeniosas, distribuye el balón que arranca baba. Remata de cabeza que le tendrían que hacer un espectáculo en Las Vegas sólo para verle ejecutar esa técnica. Y mientras Ud. le mira, sus manos juegan esa hoja membretada que le dejó Sir Robert Thompson, enviado del Arsenal y que contiene una oferta millonaria por su hijo. A su mecha, piensa Ud., ahora sí, lo tendríamos todo: joyas, drogas, casas, autos, mujeres. La nobleza de ese futuro lo tiene ilusionado, cuando de pronto una imagen le rompe la insipiración, es la voz de Wellington rogándole: papá, ya no quiero ir al futbol, antes me divertía, cuando era un juego. Y otra más, el dulce Wellington jugando con sus muñecas a que son bailarinas del ballet alegofolclórico de Curazao de los Guaranás. Y una más, pum: Wellington feliz leyendo poesía y escribiendo en su cuaderno viajes imaginarios a hermosos járdines botánicos. Traca, otra: Wellington explicándole a su amigo Claudio do Santos lo hermosa que es la polinización de la abeja custolar de Tecajuamalco, Yucatán en México y cómo él quiere dedicar su vida a estudiar la naturaleza.

Tons ¿mudanza o no a Inglaterra? ¿Tiene algo qué ver el interés superior del niño? ¿Hay algo en la Convención que nos de luz? Todos los niños con condiciones para jugar futbol profesional ¿Lo tienen que hacer? ¿Las estupidas cantidades que ofrecen no son un incentivo perverso para que la familia le pase encima a cualquier otra vocación y terminen convenciéndolo de que siempre quiso ser futbolista y mantener a una bola de zatrapas, ranflos y arrastrados casi siempre todos pertenecientes a su familia? ¿Cómo la ve? ¿Hay caso o ya veo piojos en la calva de mi abuelo?

Aclaración: el de la foto es Coutinho, un chico pretendido también por clubes españoles. El licenciado es medio bestia para buscar fotos en Internet y no encontró una de Wellington (aparecían puras de la capital de Nueva Zelanda). Como quiera deben parecerse harto esos dos chamacos.

Nota de actualización: me escribió la colega Andy de la Barrera al siguiente tenor:
Agh!! No pude ni leerlo qué con esa foto!? Espero al siguiente post...como el Licenciado y la Licenciada tampoco, quieren perder este perfil de fines y delicades lectures, cambiamos la imagen que ilustra el acné juvenil. ¿Volverá Andy?

4 comentarios:

Gonzalo Ramirez Cleves dijo...

Estupendo de nuevo Miguel... En Colombia es famosa la contratación de niños pobres de Tumaco o del Chocó con especiales talentos con la bolita para mercadearlos y valorizarlos ante la fiebre de la pecosa... Una nueva esclavitud aceptada soslayadamente... Aquí no tenemos a Wellington sino Willington...

Norma Lorena Loeza dijo...

chale! no vi la otra foto, pero la que pusiste no canta mal las rancheras eh? so digusting por decir lo menos. El artículo muy bueno, solo quiero decir que la Fifa no se rige ni por leyes humanas ni principios morales. Son literalmente un mundo aparte. saludos!!

Miguel Pulido dijo...

Cierto Gonzalo, una nueva esclavitud. Tal cual, un amigo tenía el sueño de ser futbolista, a cambio de ello no podía decidir libremente en qué empresa prestar sus servicios, ni en qué ciudad vivir. Su "carta" pertenecía a un club y aún no debutaba en primera cuando ya estaba retacado de limitaciones. Habrá quien diga que a cambio de eso tiene muchos placeres, pero... de cuándo acá los privilegios deben traer aparejada la pérdida de libertades mínimas. Estos tiempos post modernos

Miguel Pulido dijo...

Estimadérrima co-blogger y co-lega, a poco no está suave la impunidad de la FIFA. Ya la quisieran los políticos y empresarios mexicanos (así, en masculino)

M.