viernes, 21 de marzo de 2008

Libertades, la CIRT y los poderes salvajes

El título de este post le roba palabras al libro Derechos y Garantías de Luigi Ferrajoli, aunque el contenido se lo pediré prestado a un artículo del mismo autor publicado en la revista Este País. Lo hago pues conviene calentar un poquito los ánimos de cara a la discusión legislativa (o el circo o el estira y afloja o la simulación o lo que sea suceda ahí y) tenga que darse en cumplimiento de la Sentencia de la Acción de Inconstitucionalidad contra la llamada Ley Televisa.

No entraré a mucho detalle de la necesidad de reformar el régimen legal que regula las telecomunicaciones y el régimen de concesiones en materia de radio y televisión (una necesidad de doble dimensión: práctica por una parte y de armonización constitucional por otra). El punto es que frente a un tema cuyo perfil público ha caido totalmente, y obvia decir que la razón principal es que los propios medios de comunicación lo han sacado de la agenda, conviene empezar a ensayar argumentos.

Así las cosas, el buen Ferrajoli, italiano y ahora de mucho renombre y multicitado en México, escribe en "Las libertades en el tiempo del neoliberalismo":

"Pero es, sobre todo, la noción de libertad la que resulta minada por la ideología y la práctica neoliberal y a la vez populista de la ausencia de límites a los poderes económicos y a los poderes políticos de la mayoría, por lo demás, siempre conjugados y confusos en un mismo sujeto. Llego así al tema de nuestro encuentro: el de los derechos de libertad y específicamente de la libertad personal, singularmente hoy más que nunca amenazados, en estos años de retórica liberal y neoliberal en gran parte de las democracias occidentales.

Creo que se deben distinguir las libertades en dos grandes clases: la libertad de y la libertad para; las libertades-inmunidades y las libertades-facultades. Entre las primeras se encuentran la libertad personal, las distintas formas de habeas corpus, el derecho a la privacidad, la inviolabilidad del domicilio y de las comunicaciones privadas: en general todos los derechos de libertad consistentes únicamente en la inmunidad de interferencias o de violaciones a terceros. Entre las segundas se encuentran todos los derechos consistentes, además de inmunidad de interferencias o impedimentos, también en facultades agendi, como la libertad de reunión, de asociación, de manifestación del pensamiento, de prensa.

Me referiré, en particular, a la libertad personal y a sus múltiples lesiones por obra de las arbitrariedades y de los abusos policiacos y judicales. Me parece oportuno, sin embargo, antes de hablar de esas agresiones, hacer un apunto, así sea sumario, sobre la vistosa crisis que sufre hoy, no sólo en Italia, la más clásica e importante de las libertades-facultades: la libertad de imprenta y de información.

Esta crisis, como sabemos, es provocada, en Italia por la concentración casi monopólica por el jefe de la mayoría parlamentaria de la información televisiva, de gran parte de la prensa y de una parte relevante de la industria editorial y cinematográfica. Y ha sido agravada por la le Gasparri: el último capítulo del Corpus Iuris ad personam edificado por este Parlamento para tutelar los intereses penales y patrimoniales del presidente del Consejo de Ministros.

Sin embargo, con el casi monopolio televisivo realizado por el presidente del Consejo, ha explotado una antigua aporía que ha merodeado siempre sobre la libertad de prensa, que pesa todavía más sobre la siempre invasiva información televisiva y que va más allá del caso italiano: la confusión ideológica, que encontramos en los orgíges de la tradición libertal, entre libertad de información y propiedad de los medios de información, y por ello la configuración de la propiedad, que en realidad es un poder, comprendida dentro de la libertad de expresión. Gracias a esta confusión, aquellos que son poderes patrimoniales -el poder empresarial y la propiedad de los medios de comunicación, que nada tienen que ver con la libertad- se sobreponen y coinciden con dos derechos fundamentales, la libertad de expresión y el derecho a la información, y terminan englobándolos y devorándolos."


Hasta aquí, para hacer una primera intervención. Como verá Usted, Ferrajoli escribió casi que a modo este artículo para el caso mexicano. Quite Gasparri y ponga Televisa, quite Consejo de Ministros y ponga Consejo de Administración de Televisa y ya está, tenemos una bonita descripción del caso mexicano. Sobre todo aquello del Corpus Iuris ad personaem. Pero el dato no se queda ahí. Recordará Usted la discusión respecto a las reformas constitucionales en materia electoral y los supuestos atentados contra la libertad de expresión. Recordará también Usted cómo cínicamente un grupo de comunicadores emplazaron a discutir bajo la coerción de las cámaras y los microfonos a la Comisión del Senado que discutía el texto constitucional.

Aunque el tema de la reforma electoral sólo tocó tangencialmente la regulación de los medios, conviene tener presente el pataleo de los grandes consorcios de comunicación. Ejemplo más didáctico de la confusión que describe Ferrajoli no puede haber. Recuerda Usted la chulada de este monologo de Ferríz de Con:



¿A poco no esto es un chapuzón a la retórica neoliberal y una confusión entre los derechos patrimoniales y las libertades de expresión y de información? Me fascina la forma en la que Ferríz de Con habla de la reducción del gasto electoral a cambio del uso de los tiempos oficiales calificándolo de pueríl. ¿No lo era la reducción inconstitucional de los tiempos fiscales y recibir a manos llenas el dinero público gastado en campañas? Pero volvamos a nuestro autor, quien continúa respecto a este tema:

"[esta confusión] es una mistificación vistosa, profundamente enraizada en la cultura jurídica y política. Tan es así que la única garantía reivindicada por todos en tutela de la libertad de información es, en realidad, la garantía de la libre concurrencia en el mercado: olvidando que del mercado esa libertad es una variable dependiente, merecedora de tutela en la medida en que esté asociada al pluralismo de los propietarios de los medios de comunicación, y no ya en cuanto a su valor por sí misma, constitucionalmente garantizada como derecho fundamental.

[...] Así, la propiedad de los medios de información devora a la libertad de imprenta, resolviéndose únicamente como libertad de los propietarios o, mejor dicho, bajo condiciones de monopolio, en la libertad del único propietario. Y los espacios de comunicación política, en los que Jürgen Habermas ha identificado la esfera pública, son privatizados y transformados en esfera privada. La libertad de información, en vez de limitar y controlar el poder es, de esta forma, limitada y controlada.

[regular esta materia se convierte en una necesidad] dirigida no solamente a impedir las concentraciones oligopólicas de los medios, sino también a garantizar directamente la libertad de la información y el derecho a la información, sobre todo garantizando - a través de un estatuto de los derechos de los periodistas que excluya cualquier interferencia patronal o política sobre las nóminas y sobre la gestión de los medios -una separación e independencia del ejercicio de la libertad de información respecto de la propiedad, cuestiones que no son menos esenciales que la separación e independencia que tiene el poder Judicial respecto del Ejecutivo"

Como se aprecia, Ferrajoli anda de capa optimista y al puro vuelo. Habrá quien piense que estas propuestas son tan contrarias a los poderes fácticos que resultan contraintuitivas. Sin embargo, la pertinencia de las propuestas de discusión se da cuando, como ya vimos en las imagenes anteriores, la realidad nos grita que es necesario hacer algo por rescatar la pluralidad informativa, la función de control de los medios y el derecho a la información. Y si no, piense simplemente en el caso Aristegui y la última propuesta de Ferrajoli, excluir cualquier interferencia patronal sobre la gestión de los medios de forma tal que se separen el ejercicio de la libertad de información respecto de la propiedad. ¿Tiene o no sentido poner el parangón hasta allá?

En fin, los trabajos del Grupo Plural siguen su curso y hay materia para muchos, muchos posts más.

1 comentario:

Carlos dijo...

Somos víctimas del neoliberalismo, sin duda. Y en el tema de los medios de información, perdemos todos: la falta de pluralidad le facilita a los poderosos el establecimiento de "líneas" de información en beneficio de los intereses creados de siempre. De Pedro Ferriz de Con no puedo hacer ningún comentario siquiera medianamente favorable.