domingo, 19 de octubre de 2008

Las 3 tres

Presentamos esta nueva sección en la que se comentarán de forma totalmente caprichosa y arbitraria: libros; revistas especializadas; casos; sentencias; discos; películas y de paso un montón de aspectos profundamente irrelevantes para el mundo jurídico (me dijo el Licenciado que es su blog y que hace con él lo que mejor le plazca, la licenciada opina lo mismo).

El nombre de la sección obedece a la sincera intención de presentar 3 reseñas distintas de tres categorías (que la sentencia, que el caso, que el disco y así). Pero no se confunda, estimade lecter, el resultado de este ejercicio puede ser cualquiera. Aquí van las reseñas que corresponden a esta entrega.

Pa' los ojos y las orejas; van 4 (tres películas y un documental)

1.- NOCHES PURPURAS (My blueberry nights)

Norah Jones canta. Pero el Guoncarguai la puso a actuar. El Direc aderezó la película con la belleza de Natalie Portman y Rachel Weisz. De paso se trajo a Jude Law para que hiciera el papel que siempre hace (el de galán clase mediero promedio, con algo de sensible pero sobre todo una dosis de mística existencial que lo hace especial). La historia corre (¿las historias corren?) de punta a rabo por culpa de una muchachita que descubre que su galán le pone el cuerno (¡uy, qué novedad!) y se va como Jonás el desterrado a vagar por la Unión Americana.

En el andar descubre variopinto personaje bajo el manto de una compleja red social que incluye caídas y ascensos en la piramide económica. Tras la dialógica de aparentes inocentes relaciones mercantiles mediadas por servicios de esparcimiento y alimentación se muestra la violencia del sistema capitalista norteamericano, las fallas en la medición de los niveles de intoxicación en los cuerpos policiales de Estados Unidos, la criminalización del sexo servicio, la aplicación discrecional del castigo estatal, el alto grado de contaminación auditiva causada por el metro de Nueva York, los despropósitos de la legalización del juego en sociedades tarde capitalistas y hasta lo lento del sistema postal universal y la frágilidad de la comunicación privada.

Puede ser que Ud. estimade lecter no encuentre estos elementos en el guión. Lo que sí, verá a un tremendo David Strahairn haciendo un papel bárbaro vaso en mano y ojo virolo de los cuetes que se acomoda. Se recomienda para domingos post etílicos.

2.- CONTROL (Control)

Cuando yo tenía 14 años, parecía que tenía 10. Los calendarios de la mayoría de las personas del mundo estaban en 1991 y una tarde de ese mismo año fui al cine a ver The Doors. Recuerdo que después del éxito del fimón de Oliver Stone (verso sin esfuerzo), un montón (ya basta) de raza de mi generación de súbito se convirtió en "fans" de los Doors. Los más serios escuchas de la banda californiana comenzaron a reclamar el pedigree de su afición por el rock deschavetado de Jim Morrison y sus secuaces. Yo no sentí ni culpa ni urgencia de reclamo, siempre he sido un advenedizo y un pasguato.

La historia tiene algo de pertinencia, pues l'otro día viajando en el metrobus escuché a unes jovenus hablar de los éxitos de Joy Division. Les chamaques rondaban los 16 años de edad y debe decirse que en esos días anduvo en el cine el pedazo de gloria fílmica de Anton Corbijn: Control. La hipotesis más seria apunta a una influencia musical resultado de la puesta en pantalla en la que Sam Riley interpreta a Ian Curtis en la multipremiada cinta que obviamente estoy tratando de reseñar.

Situada, como no podría ser de otra forma dado el tema, en la Inglaterra de los 70's, la estructura de la película no esconde los beneficios de los sistemas estatales de protección frente al desempleo. Aunque los deja ver como un modelo de alivio y paliativo que supura la rabia de los desocupados evitando una infección de esas revolucionarias. En ese sentido es complaciente con los cambios que con fines estáticos implementan las burguesías. En otros ámbitos de la composición de la comunidad política, el filme refleja la importancia de impulsar una industria discográfica y artística alternativa e independiente en sociedades gerontocráticas como mecanismo para la popularización del poder. De hecho, también grita que la depredación cultural de occidente no data de Bush para acá.

Se recomienda para días de guardar y con afanes rockeros. El licenciado no tiene ningún reclamo a la chaviza que escucha Joy Division después de haber visto la película.

3.- LOS EDUCADORES (Die fetten Jahre sind vorbei; The Edukators)

Occidente inventó la guasa de que no se vale justicia por propia mano. Eso sí, excluyen a pila de gente de la posibilidad de siquiera participar de los folclóricos rituales judiciales a no ser que sea para recibir sentencia condenatoria. El mundo es desigual, lo sabemos... a comer pinole que no queda de otra. Pues no, o al menos es lo que "segunmente" los personajes de la película dirigida por el austriaco Hans Weingartner tratan de comunicar en Die fetten Jahre sind vorbei cinta alemana que en español viene siendo algo como los días gordos se acabaron. Que por qué se llama Los educadores, cosas de las distribuidoras.

La historia, contada en poco más de dos horas, es la de una triada de hormonales jóvenes que se da a la loca tarea de ponerle los pelos de punta a la oligarquía con bromitas menores como entrar a su casa, desacomodar las cosas y dejar notitas. Bueno, la tocada era así hasta que se meten en menudo problema. La gracia es originalmete ejecutada por Jan (Daniel Brühl, a quien seguro recuerdan por Good Bye Lenin) y su carnal Peter (a ese no lo había mirado actuar antes) y después es aderezada -de manera harto accidental- por Jule, novia de Peter.

Al mero medio de la película (y casi que la parte más sustantiva) se viven unos diálogos forzadones con su dosis ideológico reivindicativa de las posiciones revolucionarias y el cuestionamiento al modelo mundial. El papel del ex-militante, onda hippie, comuna y revolución de conciencia en los 60's que chico rato con el paso del tiempo se hace millonetas, se antoja para guisarse unos buenos dimes y diretes con les chavales. Sin embargo, ni se logran bien los argumentos pro revolucionarios ni se desenmascara la bestialidad del capitalismo y del sistema financiero (ay ay ay, wall street). Pa' colmo, se tira el agua con todo y niño cuando se cuestiona na'mas de cuentas aquello de la monogamia androcéntrica y se pretende ser ácido con la estructura convencional de la pareja, dando un incipiente impulso al tríson.

Con todo, la película guarda profundas relaciones con los debates sobre la teoría de la justicia, se ve por todas partes la confrontación rawlsoniana vs. walzerianos (muy justicieros, pero bien liberalotes). De malas también por que el prisma marxista es de intelectual de starbucks, de buenas porque el encuadre habermassiano sobre el discurso como elemento para la construcción de consenso se pone en vilo cuando se muestra la violación a la regla del acuerdo colectivo mientras existan incentivos como la propiedad privada. Con todo, el hambre depredadora del imperialismo del mercado sale bien librado, aunque la loable intención del director parece ser otra. Eso pasa cuando uno deja que opinen pequeños burgueses de las cosas que les "preocupan".

El machacón viene con el final, en el que resulta que todo es algo orquestado por Warren Buffet para hacer subir el precio de una compañía de seguros que acaba de comprar en Alemania. Naaaa, cómo creen que contaría el final. Pa verla destape una cerveza. Es de ese tipo.

5.- FABRICANDO CONSENSO (Manufacturing consent)

Como eran 3 audiovisuales los que tenía que comentar, pero quería platicarles 4, pus a este le puse el número 5 (¿?). Tremendo documental de Mark Achbar y Peter Wintonick en el que se recopilan montones de declaraciones y entrevistas sobre Noam Chomsky. El lingüista ya andaba de opinólogo desde hace mucho, por lo que la recuperación de esos testimonios en video es una verdadera joya. La pieza está moderadamente bien administrada, en secciones, aunque también se le puede aplicar el método duvalin y verse revueltita.

El licenciado desconoce si existe la versión con subtitulos en español, pero la que él tiene carece de ellos. Así que sería mentira decir que no se nos escapo ningún axioma revelador infiltrado en algún diálogo denso. Con todo, y aprovechando que la licenciada sí es bilingüe, pudimos entenderle y comprobar que está al alcance de inteligencias dudosas disfrutar de Manufacturing consent. También debe decirse que la lúcidez analítica de Chomsky queda a salvo de las bestialidades, las cursilerías o las descontextualizaciones que suelen tener los documentales.

De postre y sólo para que la neurona siga a tambor batiente con la cosa pesada, la versión de la productora canadiénse Necessary Illusions trae un fragmento del histórico debate con Michel Foucault. En suma, ver este documental sirve de excelente pretexto para volver a pensar. Véase, pero sobre todo, escuchese.

*Para críticas profesionales de bloggers cinéfilos profesionales, ver el blog de Norma

Pa' las puras orejas; 3 discos

1.- One day as a Lion (One day as a Lion)

Juan Teodoro y Zacarías de la Rocha (John Theodore y Zach de la Rocha) fueron juntos de pesca y se sacaron tremendo discazo. Si los conoce, pues no imagine que se reiventaron, los tipos hicieron lo que sabían hacer (rock progresivo el uno; hard core, rap y hip hop el otro). Es como si le pusiera uno play al mismo tiempo a un disco de Mars Volta y a otro de Rage Against the Machine, pero dándose tiempo para escuchar a momentos la letra de uno y la música de otro y luego a la viceversa.

Está bueno como para leer tesis jurisprudenciales sobre la equidad tributaria o para algún artículo de Duncan Kennedy. Ta' lindo.

2.- I'm not there (varios)

Ya la peli era un trabuco. Pero el sontraq les quedó picudo, picudo. Cantan y tocan desde Eddie Veder hasta Los Lobos, pasando por Calexico (con Jim James o con Robert Mc Guinn o con Willie Nelson), Mason Jennings y más banda interpretando las rolas del maestro del folk. Por su contenido es imposible ponerlo y no pensar en la bola de problemas legales que vivió Dylan.

Al escucharlo de golpe vienen a la cabeza estrategias para la desobediencia civil, la objeción de conciencia y la libertad religiosa. También se pueden preparar alegatos para demandas civiles litigadas en juzgados de menor cuantía o trámites aduanales millonarios.

3.- Movement (Rootz Underground)

De dónde más. Pues claro, de Kingston. Una selección instrumental que ubica cada cosa en su lugar, con una secuencia candenciosa, guitarras sincopadas (y el wah a todo lo que da) haciendo su trabajo, y, ya en la necia, pues le acomodaron una afinada y poderosa voz. Letras divis divis, descaradamente protestosas y reivindicativas sin demasiada calidad literaria (sino no sería reggae).

El disco está bueno para leer unas notas periódisticas mal redactadas sobre los injustos procesos judiciales contra los atenquenses o deglutirse algo de Gargarella.

Pa' los ojos; 2 recomendaciones (1 libro y 1 página de Internet)

1.- La lucha por el derecho, CELS, Siglo XXI, Argentina

No es que uno sea reaccionario, pero cierto respeto por las tradiciones debe reconocerse como bueno, en especial algo de respeto por los clásicos. Tampoco es que uno sea incapaz de entender que puede haber ciertas excepciones. Lo que pasa es que es díficil encontrar las razones que objetivamente las justifiquen. Es el caso del título que en el CELS escogieron para la publicación que recupera la trayectoría de su equipo legal y algunos de los casos que han llevado y que han resultado de alta trascendencia en la vida pública argentina. El libro es homónimo del clásico de Rudolph von Ihering y, aunque guardadas las distancias, es un placer leerlo (se necesita algo de conocimeinto del contexto argentino pa' sacarle más provecho)

Para quienes trabajamos en organizaciones de la sociedad civil es un referente sin parangón sobre cómo documentar el trabajo, la importancia de la memoria institucional, el análisis de la práctica y la claridad estratégica en la transformación de políticas públicas. O al menos es lo que uno siente que pasa en el CELS después de la lectura. En lo que hace al aporte jurídico, la publicación no tiene desperdicio, los casos son contados de forma didáctica y con el nivel de detalle requerido para desentrañar el enredo jurídico que implica cada caso-causa.

De hecho, los propios autores dicen de su libro lo siguiente:

"Tal como muestran las experiencias compiladas en esta publicación, el CELS ha explorado a lo largo de más de una década, distintas alternativas de reclamo y protección legal, tanto en el plano nacional como en el internacional, con mayor y menor éxito. Este libro se propone evaluar la potencialidad de tales alternativas, así como también los obstáculos que suelen presentarse en este tipo de procesos. Al relato de casos judiciales se suma un análisis de las diferentes estrategias de promoción y protección de derechos humanos y una evaluación de los aprendizajes y las dificultades resultantes de cada experiencia. "

Ya que andamos en estas... el libro se presentará en la Universidad Iberoamericana Campus Santa Fe, en la Cd. de México el jueves 23 de octubre a las 4 pm. Qué cosas, nos dieron el inmerecido privilegio de comentarlo. Más información de la presentación aquí. El libro se puede descargar pinchándole acá

2.- Subsidios al campo en México, Fundar, Centro de Análisis e Investigación

Si hablamos de recursos públicos, quién recibe cuánto, por qué y en dónde es una tira de preguntas que se antoja siempre útil responder. En el caso de los subsidios que reciben agricultores es todavía más importante dadas las condiciones de extrema pobreza en el campo. Fundar, Centro de Análisis e Investigación, recinto laboral del que teclea, presentó el lunes pasado un sitio de Internet en el que se puede encontrar importante información respecto a la concentración y real distribución de los recursos públicos.

Se trata de un esfuerzo de divulgación de información pública gubernamental mediado por la sociedad civil. Conste que no un acuerdo ni un convenio, ni colaboración alguna (esperemos tampoco obstrucción alguna). Simplemente, se trata de un esfuerzo por habilitar la discusión sobre lo público convirtiendo la información en conocimiento.

viernes, 29 de agosto de 2008

Homo Videns vs. Homo Bloggens


Homo Videns vs. Homo Bloggens,
Crónica no autorizada del debate entre Giovanni Sartori y el Licenciado (y la licenciada también).




El escenario

El segundero del reloj acaba de dar el grito de asalto y pronto serán las 8 pm (20:00 hrs. o las 20 000 horas naúticas). El Museo de Antropología luce galante. Tremendo. La visita de uno de los más destacados politólogos contempóraneos, aún en vida, ha llenado todas y cada una de las butacas instaladas ex profeso para el suceso (me dijo el Licenciado que los polítologos muertos y los no natos no suelen hacer visitas y tampoco participan en debates).

Salta al escenario el florenciano con todos sus doctorados honoris causa (incluido el recién otorgado el año pasado por la UNAM) y también con la bola de años que le son inherentes (nació en 1924) y que le han dado sabiduría o al menos el privilegio de armar polémica cada que abre la boca (recuerde el revuelo en nuestro país cuando le hizo un apéndice a su libro Ingeniería Constitucional sobre el caso mexicano). Del otro lado sale el Licenciado, trae en la cartera su cédula profesional, la que lo acredita precisamente como Licenciado, expedida, eso sí, por la Secretaría de Educación Pública. No más. No hay más.

Modera el debate la destacada intelectual del movimiento Neo-neo: Adriana Abascal (quien después de la fama que le diera el certamen intelecto-estético Señorita México a la postre protagonizó un lindo escándalo respecto a la herencia del magnate del mechón sensual -Emilio Azcárraga- con su hijo -no de ella, sino de él- aunque posteriormente emigró a Europa donde terminó estudios de filosofía, comunicación de masas y análisis del discurso. Se doctoró con la tesis "La tradición del pretexto mexicano en la teoría de la argumentación, una aproximación epistemológica al: Te juro que no es lo que parece").

El primer diálogo

No nos agotemos en lo superflúo, lo importante es el debate (éste, aunque también el petrolero). La primera tanda argumentativa corre a cuenta del autor de ¿Qué es la democracia? Lúcido, como es, abre el debate:

-Se dice que en las últimas décadas el progreso tecnológico nos ha sumergido en la edad cibernética, desbancando a la televisión. En efecto hemos pasado, o estamos pasando, a una edad en la cual, los medios de comunicación son mumerosos y la televisión ha dejado de ser la reina de esta multimedialidad. El nuevo soberano es ahora el ordenador [la compu]. Pero no acumulemos demasiadas cosas. El televisor es un instrumento monovalente que recibe imágenes con un espectador pasivo que lo mira, mientras que el mundo multimedia es un mundo interactivo (y, por tanto, de usuarios activos) y polivalente (de múltiple utilización) cuya máquina es un ordenador que recibe y transmite mensajes digitalizados.

Entonces ¿está superada la televisión? si la comparación se establece entre máquinas, entonces la máquina superior es, sin duda alguna, el ordenador. Pero, así como la radio no ha sido anulada por el televisor, no hay razón para suponer que la televisión será anulada por Internet. Creo que este es el primer punto a agotar ¿la relación ente dos máquinas debe medirse o no por las propias cualidades que les atañen o a partir de una valoración de las relaciones circulares que construyen con sus usuarios?

Interviene la Abascal, y le da la palabra al Licenciado. Todo un mexicano de cepa, el Lic comienza su intervención de la siguiente manera.

-Por principio de cuentas quiero agradecer infinitamente el honor y el inmerecido privilegio para participar en este debate. Acudo en mi humilde calidad de interesado en los blogs como instrumentos de comunicación. Pero uno no puede dejar de aprovechar el momento para reiterarle al Dr. Sartori la inmensidad de la admiración que se le tiene. Permitame Dr. Sartori decirle que he leído toda su obra, es usted un fenómeno de nuestro tiempo, en el mejor sentido de la palabra. Por tal razón, no puedo sino rendirle un homenaje y discuparme por el atrevimiento de acudir aquí, sin credenciales suficientes, a intercambiar algunos despropósitos frente a su talentosisíma participación. Quiero también agradecer a Adriana por moderar los tiempos y las intervenciones, a mi equipo de colaboradores por ayudarme en la presentación de los argumentos que a continuación escucharán y a todos a los que han alimentado mi discusión de manera inderecta y sin saberlo, me refiero a los autores de blogs. También quiero felicitar a los organizadores del evento, es sin duda un espacio sin precedentes en la discusión sobre las nuevas tecnologías, la comunicación y la naturaleza humana.

Ya se iba a arrancar el Licenciado con sus argumentos, cuando Adrianita lo atajó y dijo sutilmente: tiene la palabra por el siguiente minuto, el Dr. Sartori.

El revire

-Gracias por los saludos. Reciba también mi respeto. Decía pues, que en lo que hace a las máquinas nos enfrentamos sin duda a un fenómeno. Aún así, en comparación con la revolución industrial, la invención de la imprenta y el progreso de las comunicaciones no han encontrado hostilidades relevantes; por el contrario, siempre se han aplaudido y casi siempre han gozado de eufóricas previsiones. Cuando apareció el periódico, el telégrafo, el teléfono y la radio, la mayoría les dio la bienvenida como "progresos" favorables para la difusión de información, ideas y cultura.

Por qué es relevante esto para nuestro tema, porque esto no necesariamente aplica a la televisión. La televisón no puede ser tratada por analogía al resto de las innovaciones de comunicación. Es decir, la televisión no es una prolongación y una mera ampliación los instrumentos de comunicación que le han precedido. La televisión, nos aventuramos es una novedad radicalmente nueva. La televisión no es un anexo; es sobre todo una sustitución que modifica sustancialmente la relación entre entender y ver. La televisión no es sólo un instrumento de comunicación; es también, a la vez, paideía, un instrumento "antropogenético", un medium que genera un nuevo ánthropos, un nuevo tipo de ser humano.

El tiempo para la exposición de Sartori se había agotado. Con todo, como Adriana estaba verificando que la sombra estuviera en su lugar y que el rimmel jugara ese papel sútil para destacar sus ojos y favorecer la silueta que describe sus largos párpados, pero siempre de forma natural, aunque sin ocultar el arreglo, ni cuenta se dio. El licenciado estaba haciendo rollito la tarjeta que le dieron para hacer notas.

Sartori continuó:

-Volviendo a nuestra comparación entre máquinas vale replantearse la pregunta ¿Está o estará superada la televisión? Cuando hace apenas cincuenta años de su aparición, la televisión ya ha sido declarada obsoleta. Como decía, las nuevas fronteras son Internet y el ciberespacio, y el nuevo lema es "ser digitales". El salto es grande y la diferencia es ésta: que el televisor es un instrumento monovalente que recibe imágenes con un espectador pasivo que lo mira, mientras que el mundo multimedia es un mundo interactivo (y, por tanto, de usuarios activos) y polivalente (de múltiple utilización) cuya máquina es un ordenador que recibe y transmite mensajes digitalizados. Así como como la radio no hsido anulada por el televisor, no hay razón para suponer que la televisión será anulada por Internet. Ya que estos instrumentos ofrecen productos diferentes, está claro que pueden estar al lado el uno del otro. No se trata, pues, de superación, sino de protagnoismo.

Internet, la red de las redes es un prodigioso instrumento multitarea: transmite imágenes, pero también texto escrito; abre el diálogo entre los usuarios que se buscan entre ellos e interactúan; y permite una profundización prácticamente ilimitada en cualquier curiosidad (es como una biblioteca universal, conectada por diferentes mecanismos). ¿Pero en qué compite Internet con el televisor? Si es en entretenimiento no es tan seguro que venza a la televisión. Por tanto, en la medida en que Internet es una diversión, un entretenimiento, la televisión resultará vencedera entre los "perezosos" o las personas cansadas que prefieran el acto de mirar, mientras que Internet triunfará entre los "activos". Dado que el homo sapiens ha entrado en crisis de pérdida de conocimiento y capacidad de saber, mi tesis es la previsión del centralismo de la televisión, así, la televisión seguirá siendo el centro -en detrimento de la cibernavegación y de sus sirenas.

Hasta aquí el tiempo de su intervención, expresó una Adriana ya con cara de sueño y los ojos con el párpado desplegado cuán grande es. Por favor Licenciado.

Sartorí:

-Gracias, fue un placer. Espero que la discusión de para una réplica.

El Licenciado estaba tratando de distraer de su mente el nerviosismo. No había dicho nada aún de lo que tenía preparado. Sentía que perdía el debate. Buscó sus notas y se dio cuenta que estaban ilegibles, pues con los nervios las enrolló, doblo, cuadriculó, las destruyó, pues. De pronto la sangre hirvió en su cuerpo y la iluminación llegó. Sabía que tenía las palabras exacas y se arrancó a decir:

-Decidí iniciar con hacer expresos mis respetos hacia Ud., Dr. Sartori, no por salamería, lambisconería, arrastraje o sumisión, sino porque lo que diré parte de la consideración de que es Ud. un ser respetable. Yo, Dr. Sartorí, veo un México con hambre y sed de justicia, un México de gente agraviada por las distorsiones que impone la ley, quienes deberían de servirla. Pero a pesar de ello, Dr., sé que México es siempre fiel, que va arriba y adelante y que la solución somos todos. Pero Ud. construye una división en la humanidad, la de los perezosos y los activos. Los que ven tele y los que usan Internet. Lo peor, quiere traer ese divisionismo a México. Yo le contesto, a Ud. Dr. Sartori: yo no odio, soy un hombre feliz. Mis compatriotas también lo son, son hombres y mujeres felices. Si la guerra en el mundo es entre televidentes e internautas, para nosotros, no. Para nosotros es contra la pobreza y la marginación, contra el narcotráfico y el desempleo. Gracias.

El colofón

Adriana tenía en el rostro la emoción hecha color de piel. ¡Qué cosa! Qué palabras tan bonitas. La sensibilidad del Licenciado tocó sus más sensibles fibras. El auditorio estaba anonadado. Los aplausos no paraban, no paraban. El Licenciado alzaba los brazo con las palmas orientadas hacia su espalda con pequeños movimientos oscilatorios hacia atrás y adelante. Después juntaba ambas manos (describiendo una A mayúscula) y aceleraba la pequeña oscilación en tres o cuatro repeticiones. Sartori desconcertado trataba de identificar si habría momento para contestar a aquello o si los vivas y el "que sí, que no, que como chingaos que no, el licenciado, el licenciado, ra ra ra" significaban algo. Cuando se apagaron las luces y una guapa edecán le llevó un ramo de flores, una caja de madera y una charola de dulces vernáculos mexicanos, entendió que eso, había terminado.

Seguimiento en prensa

Al día siguiente, los periódicos dieron cuenta del debate. Tres encabezados para cerrar esta crónica. El Universal: "La televisión triunfará: Sartori"; La Jornada: ""El Licenciado llama a la unidad mientras un extranjero invita al divisionismo"; Reforma: "Sartori señala que la solución es más inversión de IP en comunicaciones"

viernes, 20 de junio de 2008

Tarde de toros: la Sentencia al ruedo

Listo... aquí la invitación

5 comentaristas 5

GRAN CARTÉL (QUE NO CÁRTEL)

El 26 de Junio, 18:00 hrs.
En el Auditorio Xavier Sheifler
de la Universidad Iberoamericana

Vamos al ruedo,

José Luis Caballero
Darío Ramírez
Iván Alonso Baez
Juan Carlos Arjona
Miguel Pulido

Este es el detalle:






sábado, 14 de junio de 2008

De cuántas formas se puede leer una sentencia o los pininos de un debate que se antoja sabroso.

Uno que es paseante de blogs argentinos se da cuenta de algunas cosas. Por ejemplo, que una vez que la sentencia Kimel vs. Argentina conoció la luz, se vino una oleada de comentarios y reseñas. Por principio de cuentas la cosa es natural, siendo el blanco de la acusación el Estado argentino, quiénes mejor que los blogueros de aquel país para subir el tema al debate. Pero debe decirse, además, que esto de la discusión es deseable, pues frente a esas efemérides resolutivo-jurisdiccionales algo hay que hacer para no dejarlas pasar tan a la ligera. Inspirado en el detalle, fui y abrí mi bocota con varios amigos y se armó entonces una mesa de discusión que tendrá lugar el 26 de junio en la Ibero (Universidad Iberoamericana) sobre la sentencia en cuestión. (Más detalles sobre el suceso en cuanto los tenga).

En tanto llega ese día, uno de los involucrados en tan lindo festín armó ya la polémica vía correo electrónico. Abusando del vacio normativo en la materia me dispongo a reproducir los primeros intercambios polémicos con el único fin de convertirlos en "calentamiento blogal". Primero, a título de estricto préstamo (del blog del amigo GA), van referencias mínimas -realmente mínimas- del caso y su correspondiente sentencia:

Eduardo Kimel fue condenado a un año de prisión en suspenso y a pagar una indemnización por criticar la actuación de un juez en el caso de la “Masacre de San Patricio”, ocurrida durante la última dictadura militar.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en 2007, luego de analizar el caso durante algunos años, decidió demandar al Estado ante la Corte Interamericana.

En el mes de agosto de 2007, el Estado argentino asumió responsabilidad internacional por las violaciones a los derechos humanos en el caso. Reconoció que por haberse condenado penal y civilmente a Eduardo Kimel a partir de la querella iniciada por el ex juez Guillermo Rivarola se había violado la libertad de expresión y las garantías del debido proceso porque en el trámite judicial se demostró una demora de más de nueve años.

Sin embargo, este reconocimiento no incluyó un compromiso para adoptar medidas que impidan futuras violaciones de derechos humanos, como la reforma de las leyes que siguen siendo utilizadas para la persecución de quienes difunden información de interés público.

La Corte IDH dice así:

76. La Corte ha señalado que el Derecho Penal es el medio más restrictivo y severo para establecer responsabilidades respecto de una conducta ilícita. La tipificación amplia de delitos de calumnia e injurias puede resultar contraria al principio de intervención mínima y de ultima ratio del derecho penal. En una sociedad democrática el poder punitivo sólo se ejerce en la medida estrictamente necesaria para proteger los bienes jurídicos fundamentales de los ataques más graves que los dañen o pongan en peligro. Lo contrario conduciría al ejercicio abusivo del poder punitivo del Estado.

77. (...) el empleo de la vía penal debe corresponder a la necesidad de tutelar bienes jurídicos fundamentales frente a conductas que impliquen graves lesiones a dichos bienes, y guarden relación con la magnitud del daño inferido. La tipificación penal de una conducta debe ser clara y precisa, como lo ha determinado la jurisprudencia de este Tribunal en el examen del artículo 9 de la Convención Americana.

Después de esta retepequeña introducción, aquí lo dicho en la discusión que se está dando vía correo electrónico (con un poco de edición del licenciado y de la licenciada también):

(Juan Carlos Arjona)

1. ¿En qué casos se les ocurre pueda ser utilizada de manera proporcional la herramienta penal en casos de libertad de expresion vs vida privada? Parece que en abstracto la CorteIDH dice que sí existen casos y se confirma por el Voto de Garcia Sayan y el de Garcia Ramirez. ¿Qué piensan?

2. La CorteIDH ya dio una línea clara sobre cómo abordar el tema. ¿Cuál debería ser la postura de la Relatoria de Libertad de Expresion de la CIDH que ha venido haciendo una campaña para despenalizar estas conductas y remitir las responsabilidades ulteriores a la via civil en estos casos?

(José Luis Caballero)

Yo advierto un punto sutil de contradicción, porque la Corte dice que la libertad de expresión tiene un valor preponderante en la sociedad democrática, etc, y que su valoración debe atenderse a la ponderación que corresponde a los principios sobre derechos humanos, para luego establecer como una limitación clara en algunos casos al tipo penal, que es una restricción estricta y que sigue otros parámetros: rige sobre reglas, no sobre principios; es taxativo, etc. aunque la CrIDH distingue también de manera puntual algunos casos que lo harían admisible. Tiene mucha tela de donde cortar.

Mi postura sigue siendo la de despenalizar, salvo quizás en asuntos muy puntuales, como incitación al odio o la violencia, nada más. No me parece que en nuestros contextos autoritarios deba moverse la postura de la Relatoría, al menos en México sería contraproducente.

Bien para abrir boca. Mis comentarios y fuentes de información (así como referencias, luego).

Para ver la sentencia de la CoIDH de click aquí mero
De click aquí mero para ver lo que se ha dicho en el blog de Alberto Bovino
Para ir a la página del CELS favor de, aquí mero, dar click

lunes, 9 de junio de 2008

Denme un portero y conquistaré el mundo


No sabía cómo titular este post. Pensé en el lugar común de: jugamos como nunca pero perdimos como siempre. O la misma idea pero con un toque personal, algo así como: la constancia nos define; perdimos otra vez. Pero al final me decidí por el que considero recupera nuestro ánimo: denme un portero y conquistaré el mundo. Ah, claro, hubo futbol. Aquí la crónica.

9:30 pm. Por estas fechas las noches se ponen el traje de lluvias. Sin duda eso le da un toque londinense al escenario, pero espanta a los jugadores. Nos contamos, somos... 4 (el equipo es de 6). Una voz lo dice todo, nos va a ir como a los espartanos. Ni hablar, entramos a la cancha de buena gana y mentalizados a recibir goles por racimo. Es lo que hay. Carlos, con eso de que trabaja en la oficina de la Alta Comisionada, tiene el encargo diplomático de convencer a un individuo para que se sume a la masacre. El tipo acepta. Sabemos que Diego viene en camino y que no debe tardar. Tomamos posiciones y se escuchan los primeros gritos de: venga República (a fuerza de repeticiones ya hasta me empieza a sonar normal el nombre, al rato hasta me va a gustar).

9:35 pm. El partido empieza, para no variar, el equipo contrario está uniformadito. Carajo, eso siempre impone. Además, traen 4 cambios. Nosotros ni completos estamos. Primeros chuts. La mueven para aquí, luego para allá. La cancha es un auténtico potrero. Charcos por doquier. Alex improvisa esta noche como portero y desde ahí nos ordena. Nos da instrucciones. Pero algo anda mal, han pasado casi tres minutos y la cosa está pareja. Se aparece Diego y entra a la cancha. Estamos completos. Insisto, esto tiene un tufo raro. El equipo contrario pierde el balón en media cancha y la irregularidad se rubrica porque conectamos dos pases entre nosotros. Jugada al frente y un tiro nuestro al arco contrario. ¿Qué está pasando? De pronto me doy cuenta y no puedo negar la emoción: el equipo de enfrente -con todo y su uniforme- es igual de malo que nosotros.

Y ahí ando corriendo con cara de idiota de la alegría (cómo negar que el detalle del equipo maleta me cayó de variedad) cuando de pronto Juan Carlos, crecido ante las insuficiencias de nuestros rivales -sólo comparables con las propias- intenta un taquito que se convierte en pase para gol, pero de los contrarios. Se descuelga uno de los individuos rivales, corriendo como puede, chueco y a velocidad paquidérmica, avanza algunos metros y suelta un tiro digno de risa. Nomas que nos la tragamos por que nuestro arquero debutante: Alex, también tiene lo suyo y con una maniobra extrañísima la deja pasar entre las manos y se va hasta las redes. Charros, 1-0. Nosotros a lo nuestro, gritos de ánimo, venga, a jugar, paraditos y demás (lo de siempre).

Pero les digo que este día retamos a la noción de normalidad. Cuando nos damos cuenta ya estamos otra vez tocando el balón entre nosotros, paredes, pases filtrados, bueno, bueno, quién nos viera. En una de esas, pase a profundidad, Joel “el advenedizo” (o sea, el que aceptó jugar) la rebota con uno de los defensas contrarios, el balón le queda en los pies, alza la vista, la puntea, Juan Carlos va corriendo, chistocito así como corre él, por la banda, el ángulo se cierra, burla a un contrario, suelta un tiro hacia la portería y... goooooooooooooooooooool, gooooooool, gool, gol, de REPÚBLICA. 1-1. La noche se ilumina y la lluvia ni se siente.

El partido se reanuda y estamos intratables. Diego domina la media cancha. Conecta de apoyo con Carlos, me acerco y se la pido -te apoyo, te apoyo Carlitos- y ahí está, luego abrimos juego. Qué cosa, hemos conectado 20 o 25 pases entre nosotros, qué se yo. Es una noche histórica y en esas anda uno pensando cuando de pronto, tómala, 2-1 en contra (con ayudita, otra vez, de Alex). Pero qué importa si hoy sí se puede (además ya dimos varios pases –que en nuestro caso deberían valer por goles-) y por andar pensando así de mediocre de pronto otro, me lleva el diablo 3-1. Porque una cosa es que uno esté emocionado por los pases pero otra muy distinta que le de gusto ir perdiendo contra los únicos igual de malos que nosotros.

Esas son las condiciones del partido, vamos perdiendo 3-1 pero suena remontable y más cuando en una jugada extraña sale un tiro al arco, un rebote en uno de sus defensas y la pelota entra a la portería. Da igual, todos los goles cuentan igual. Estamos 3-2 y con la ilusión a la alza. Y ahora sí: venga República!! Estamos en el tercer cuarto y se me olvidó mencionar que a estas alturas ya soy yo el responsable de cuidar la portería. Dios santo. Me prometo a mi mismo no demostrar que me da miedo el balón y estoy de mucho guante y pose.

Jugada del equipo contrario al más puro estilo ahí va la bola lejos de aquí, su delantero la ve venir, tiene espacio y sólo hay un defensa nuestro, a mi me ataca el nervio. Carlitos va a la marca, yo juego mi área. El delantero contrario, que tiene la figura atlética de Benito Bodoque, la puntea chorreadita-chorreadita, mis reflejos tan pa’l arrastre, me tardo una eternidad en agacharme, el balón me pasa al lado, giro y con un movimiento de felino herido de muerte desplazo mi cuerpo tras la pelota que rueda lento hacia la portería. La sigo con la mirada y lo único que se me ocurre es aventarme tras de ella, doy dos pasos y me dejo caer de panza estilo balneario. Se me desacomoda el mondongo del guamazo y el guante roza el balón pero es insuficiente para siquiera desviarlo. 4-2.

Cuánta culpa hay en mí. El partido en su punto y uno sale con estas sandeces. Pasamos al último cuarto. Todavía hay ánimo. A tocar, a tocar República. Jugadita por la banda. El balón lo tiene Alex que en la noche se ha dado el lujo de pisar y pasar de inglesita el balón más de una vez, ha corrido diagonales de peligro a placer. Hoy la fantasía está con nosotros, así que saca un zapatazo al arco contrario, es un globo con giribilla, el balón va cayendo, busca el ángulo y lo encuentra: gooooooooooool, goooooooool, goooool, gol, de República. 4-3. Pero con ese tiro se acabó la magia, o al menos los cambios al marcador. Después de habernos comido 3 de sus 4 goles sólo podemos decir: dennos un portero y conquistaremos el mundo. ¡Venga Republica!

sábado, 31 de mayo de 2008

Discutir la Constitución. Qué dice y según quién.

Aspecto del debate en las pantallas del Zócalo

Uno de los escándalos más sabrosos de la vida pública de los últimos tiempos nos lo regaló el mosaico político mal llamado FAP. Recordará Ud. qué suave estuvo la discusión a propósito de las tomas de las tribunas en el Congreso y recordará también Ud. que como parte de las medidas para destrabar la crisis en la
jaula de representantus se pacto un circo de la palabra llamado pomposamente "debate petroléro".

Pues bien, no están los tiempos (me refiero exclusivamente a los míos) como para andar comentando de cabo a rabo el tema del debate, pero tampoco están los tiempos (me refiero a los de la vida pública) para andar dejando sin mención aspectos relevantes de la misma. Dicho lo cual, a continuación una breve
referencia (ni tanto, ya verán, aunque ruego paciencia, el tema lo amerita) al intercambio de argumentos que se dio como consecuencia de una de las mesas centrales: la cuestión constitucional de la reforma.

Para abrir boca, conviene traer a la mesa los argumentos que fuera de la formalidad del debate (pero en el contexto del mismo) dio Ana Laura Magaloni. La Maga, escribió lo siguiente:

Con frecuencia se nos olvida a los profesionistas del derecho en México que las normas son mucho más porosas de lo que quisiéramos y que, por tanto, no hay verdades jurídicas inmanentes. Ello me parece que está sucediendo en el debate actual sobre la reforma energética. Una parte importante de este debate se ha centrado en si las reformas legales que propone el Presidente vulneran o no la Constitución. En particular, se discute acerca de los límites constitucionales a la participación del sector privado en la industria petrolera. Distintos abogados han dado su veredicto: unos estiman que la propuesta de Calderón sí viola la Constitución y otros que no, pero, en ambos casos, las opiniones se externan como si el texto del artículo 27 fuese claro e incontrovertible. En realidad no lo es. Por ello, los únicos que pueden resolver esta cuestión son los ministros de la Suprema Corte. Mientras que ello no suceda, la respuesta permanecerá indeterminada en términos jurídicos.

Luego nos dice:

La discusión jurídica más honesta y útil que ahora puede existir tendría que versar sobre dos temas principalmente: 1) los pronósticos sobre lo que la Corte pudiera decir en su momento al respecto, y 2) el grado de indeterminación del texto constitucional.

Por lo que respecta a la primera cuestión, el pronóstico sobre el sentido de una decisión de la Corte es particularmente incierto. El único caso reciente en donde la Corte abordó una cuestión análoga es la controversia relativa a la constitucionalidad de los artículos 126 y 135 del Reglamento de la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica. Dichos preceptos reglamentaban la venta de excedentes a la CFE por parte de los particulares tratándose de los proyectos de autoabastecimiento y cogeneración de energía eléctrica. La Corte estimó la inconstitucionalidad de los artículos impugnados, pero lo hizo con una sentencia muy dividida. Cinco ministros estimaron que los artículos 25, 27 y 28 constitucionales imponían importantes restricciones a los particulares en este ámbito, otros tres decidieron que la cuestión se limitaba a un asunto de invasión de competencias del Ejecutivo al Congreso y, finalmente, otros tres dijeron que no había ninguna violación. Decisiones tan divididas resultan poco útiles para intentar pronosticar lo que diría la Corte en un caso análogo o similar. Esta impredictibilidad se acentúa dado que cuatro de los ministros que emitieron esa resolución ya no están hoy en la Corte.

Pa' pronto, nos deja igual que al principio en lo que hace a su punto uno. Sobre su segunda hipotesis plantea lo siguiente:

Ahora bien, con respecto a la indeterminación del texto constitucional, es el artículo 27 el que define los límites de la participación de particulares en la industria petrolera. Dicho precepto establece dos cosas fundamentalmente. En primer término, que "corresponde a la Nación el dominio directo" (...) "del petróleo y todos los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos" y, además que, tratándose de "la explotación, el uso o el aprovechamiento" de estos productos, (...) "no se otorgarán concesiones ni contratos (a los particulares) ni subsistirán los que, en su caso, se hayan otorgado".

La indeterminación del texto tiene que ver principalmente con el significado de las palabras "explotación, uso y aprovechamiento". Por ejemplo, si un particular usa petróleo para operar una máquina, ¿quiere decir que viola la Constitución? ¿La explotación del petróleo significa su extracción o refinación o sólo las rentas que su venta genera? Las palabras tienen distintos posibles significados. La propuesta de Calderón establece nuevos esquemas de contratación entre el Estado y los particulares para que éstos refinen, distribuyan, transporten o almacenen petróleo o sus derivados. En todos los casos se les remunerará en efectivo y no podrá haber producción ni utilidad compartidas entre el Estado y los particulares. El asunto nodal sobre la constitucionalidad de la propuesta es si estas actividades tienen o no que ver con la "explotación, uso o aprovechamiento" del petróleo.


Dejemos hasta aquí lo dicho por la Maga y vayamos a lo que han hecho público los participantes al debate. Por instrucciones del licenciado, traeremos primero al ring a Arnoldo Córdova quien escribió:


En los recientes foros sobre la constitucionalidad de las iniciativas petroleras hubo, puede decirse, un poco de todo. Pero quedó claro que desde el principio se dio una polarización entre quienes defienden la constitucionalidad de tales iniciativas y quienes acusan su inconstitucionalidad (o, más a menudo, su anticonstitucionalidad). Eso era inevitable, pues de eso se trataba. Pero fue un debate rico en materias (y también en ocurrencias).

[...]

Una línea permanente de la discusión se dio en torno a la interpretación de la Constitución. Me llamó la atención el que casi todos los defensores de la reforma fueran juristas de la Escuela Libre de Derecho, del ITAM, del CIDE y del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) me llamó la atención, no tanto por lo que dijeron, que fue uniforme, sino por el tipo de cultura jurídica que mostraron tener. Todos ellos son jóvenes y muestran el mismo sello.

Sustentan convicciones de moda en el mundo de las ciencias jurídicas, que tienden a desacralizar el derecho; el derecho para ellos son sólo palabras y la ley es totalmente manipulable (se le puede usar como se quiera y para cualquier fin). El fin del derecho para ellos no es juridicizar las relaciones sociales, como dicen los juristas italianos, sino ponerlo al servicio de los intereses privados, manipularlo, manejarlo como se hace con cualquier herramienta. Así, el derecho acaba perdiendo su valor normativo para quedar en simples fórmulas retóricas.

Para ellos la interpretación de la Constitución es cosa sencilla: se trata de un conglomerado de palabras y basta ver qué dice cada una de ellas. No me explico cómo es que sólo creen en las palabras cuando nos dicen que la Carta Magna no es clara. Si el artículo 28, al hablar del sector estratégico del petróleo, no habla de la industria petrolera, quiere decir que ésta no es estratégica; si el 27 habla sólo del producto que corresponde a la nación, para ellos explotación quiere decir únicamente el usufructo de ese producto. Fue inútil que se les explicara que explotación es el proceso productivo y comercializador en su totalidad. Se salieron siempre por la tangente: cada quien interpreta las palabras como las entiende.

[...]

Interpretar una ley por lo que dicen sus palabras, en filosofía del derecho (materia que yo impartí en la Universidad Michoacana) le llamamos “nominalismo”. Ya en otro artículo sostuve que en la interpretación de la ley hay que hacer varias tareas: analizar sus términos, por supuesto; interpretar el conjunto del ordenamiento y, por último, ligar esa interpretación a la vida de la sociedad. Eso requiere no instrumentalizar el derecho, convirtiéndolo en simple herramienta, sino tener claro que el derecho regula la realidad social y le da cauce. Todos los grandes filósofos del derecho han dicho que, al interpretar el derecho, hay que interpretar la vida social y ver si el derecho se ajusta a ella.

[...]

¿Por qué quieren negar que la Corte tenga la facultad de interpretación? Porque piensan que la interpretación es sólo asunto de palabras y, en ese caso, todos podemos interpretar la Constitución. No aceptan, como le dije también a Zaldívar, que la Constitución no es una ley, sino un pacto político hecho de instituciones. La Carta Magna no norma ni regula, instituye, y cada artículo suyo es una institución, a partir de la cual se deben hacer las leyes. ¿Por qué? Porque instrumentalizan la Constitución hasta convertirla en meras palabras. No se qué haya querido decir Miguel Carbonell cuando afirmó que los opositores querían “azuzar la Constitución como si fuera un fetiche”. Para eso sí que se requeriría de un colosal esfuerzo de interpretación y, probablemente, ningún juez estaría en grado de saberlo. Como se puede ver, la interpretación no es cuestión de palabras, sino de sentidos, de significados.

Luego, Miguel Carbonell, que aunque joven -según Arnaldo Córdova- también tiene sus propios medios de defensa mediante columnas periodísticas escribio:

Arnaldo Cordova en su artículo dominical de La Jornada propone continuar el debate que tuvimos en el Senado la semana pasada (“El debate constitucional”, La Jornada, 25/V/08). Lo hace rechazando que la interpretación de la Constitución pueda reducirse a una cuestión de palabras y nos recuerda que le corresponde a la Suprema Corte establecer el sentido de lo que dice el texto constitucional. De paso, nos atiza a los “jóvenes constitucionalistas” diciendo que estamos cortados todos con la misma tijera y que entendemos que las leyes son completamente manipulables. [M]e permito aportar algunas reflexiones para que los ciudadanos tengan algunos elementos mínimos para formarse su propio criterio:

1. Nadie dijo en el Senado que la interpretación constitucional se limitara a una interpretación puramente nominalista. Yo sostuve y sostengo que nos debemos tomar en serio las palabras de la Constitución y que, para tal efecto, es necesario leerlas y dotarlas de contenidos concretos.

2. De esa manera no se verifica, como dice Córdova, una desacralización del derecho, sino todo lo contrario: se le toma en serio partiendo de su significado primario, que es el de las palabras con que se encuentra escrito. Es mucho más dañino practicar esa interpretación metafísica con que nos deleitó Córdova en su intervención ante el Senado, cuando citó una y otra vez al “espíritu” de la Constitución y al “espíritu” del Constituyente. Eso sí que es diluir el sentido y el papel del derecho. A varios de los “jóvenes constitucionalistas” que tanto crítica nos enseñaron a trabajar con normas jurídicas y por tanto no somos capaces de hacer interpretaciones espiritistas, más propias de astrólogos que de juristas, al revés de lo que hace Córdova cuando cita con profusión a los espíritus, a los “significados” y a los “sentidos” de la Constitución sin hacer referencia más que de manera tangencial a su texto, para efecto de ponerlo frente a las iniciativas de reforma energética que están en la mesa de los senadores.

3. Tampoco nadie dijo en el Senado que la Suprema Corte no fuera el órgano que lleva a cabo la interpretación terminal o última de la Constitución. Si nos invitaron los senadores es porque algo sabemos de derecho constitucional y, siendo esto así, no hace falta que nos recuerden lo obvio. El punto importante, sin embargo, es mucho más complicado de lo que imaginan los teóricos de la metafísica constitucional: en una sociedad democrática hay una nómina abierta de intérpretes constitucionales. Cada tipo de interpretación produce un efecto distinto, pero la pueden llevar a cabo los legisladores, los académicos y desde luego los propios ciudadanos, destinatarios inmediatos de muchas de las normas constitucionales. ¿Qué hay de malo en eso? ¿Acaso los senadores no están llamados a interpretar el alcance de los artículos 27 y 28 constitucionales para poder aprobar con fundamento las iniciativas de reforma energética? ¿Acaso los teóricos cuando escriben sus manuales y tratados no hacen también una especie de interpretación constitucional? ¿De dónde viene ese furor judicialista que pretende sostener un inaceptable monopolio de la interpretación constitucional a favor de la Suprema Corte? ¿Acaso le tenemos miedo a la versión democrática de la interpretación constitucional que ve en cada ciudadano a un usuario y un protagonista de tal interpretación? Ni las posiciones más elitistas del constitucionalismo moderno niegan la posibilidad de que millones de ciudadanos sean protagonistas de la vida constitucional de un país a través de la realización de sus propias interpretaciones.

4. Córdova nos acusa de “mezclar” conceptos al proponer nuestra interpretación de los artículos 27 y 28 constitucionales. Lo que creo que sucede, en rigor, es que él mezcla métodos. Quiere sostener posiciones jurídicas apelando a conceptos de la ciencia política. A los razonamientos que hacemos con base en las teorías modernas del derecho, Córdova opone la visión de Cicerón, de Maquiavelo y de Montesquieu.

[...]

Lo mejor que se puede hacer para discutir hoy en día sobre la Constitución es tomársela en serio. Reconocer su carácter de norma jurídica, dejando atrás los discursos traídos del siglo XIX que dicen que la Constitución “no norma ni regula”, como si fuera una simple carta a los Reyes Magos. Ese es el modelo de interpretación que debemos rechazar.

Antes de pasar a la tradicional etapa de cierres y conclusiones (en donde típicamente en este país quien tiene la palabra -hablada o escrita- suele distorsionarlo todo -correspondiéndome el placer en esta ocasión a mi), me dicen que hay que llamar al ring a otros dos. Jaime Sánchez le recetó las siguientes críticas al ex-Ministro Juventino Castro:

El martes 20 de mayo, Juventino Castro y Castro, ex ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y asesor de López Obrador, presentó una ponencia sobre la Constitución y la reforma de Pemex. El venerable anciano y, se supone, buen jurista (que no juarista) fue contundente: "La tesis mexicana es clara y terminante: la propiedad no es un derecho natural que desde su origen perteneciera al ser humano por el simple hecho de tener esta calidad; según nuestro Pacto la propiedad de las tierras y aguas es, en su origen, propiedad de la Nación, o sea del pueblo mexicano y existen propiedades -según nuestros mandatos constitucionales- que no pueden en forma alguna ser transmitidas a los particulares, porque son la base y el sustento de nuestra identidad, nuestra estabilidad y el progreso de la Nación".

Señalaré, primero, la barbaridad. Ninguna Constitución de ninguna República democrática (o no) puede ser la base y el sustento de la identidad nacional. Los órdenes jurídicos sirven para ordenar (bien o mal) la vida política, económica y social de un pueblo, pero no otorgan ni mucho menos imponen una identidad cultural o nacional. Mientras las constituciones van y vienen, los pueblos y las naciones permanecen. Si no fuera así, el colapso de la Unión Soviética se habría traducido en la desaparición de Rusia. Y más cerca de nosotros, la predecible caída del régimen castrista anunciaría el fin de la identidad cubana. Nuestra experiencia histórica, por lo demás, lo confirma plenamente. La Constitución de 1857 fue la bandera y el proyecto de los liberales en el siglo XIX. Y no hay en ella nada que la vincule con las tesis fundamentales de la Constitución de 1917. Los derechos sociales y el artículo 27 Constitucional no están siquiera esbozados. Se puede conectarlas, como hizo Jesús Reyes Heroles, bajo el término del "liberalismo social", pero en sentido estricto hay que reconocer que el liberalismo de Juárez nada tenía que ver con las preocupaciones de Emiliano Zapata o Molina Henríquez.

Peor aún. El famoso artículo 27 tiene orígenes y antecedentes no muy presentables. Se inspira en el derecho virreinal que, después de la Conquista, establecía que las tierras y las aguas pertenecían en su origen a la Corona Española que había sometido a su dominio todo el territorio de la Nueva España. Por eso el rey de España otorgaba encomiendas, tierras pobladas de indígenas, a los nobles y aventureros que se adentraban en estas tierras. Se trataba, en sentido estricto, de un derecho premoderno donde el individuo y sus derechos dependían, en último término, de la voluntad real.

La aportación de Molina Henríquez, autor de Los grandes problemas nacionales, fue retomar este principio y darle un giro "moderno y nacionalista". A falta de Rey y Corona, señaló el intelectual de marras en el contexto del Congreso constituyente de 1917, había que constituir a la nación en la propietaria original de las tierras y las aguas. Y, al igual que durante la Colonia, el dominio de éstas sería transferido a los particulares por obra y gracia de la nación.

La resolución de esta ecuación era, sin embargo, incompleta. Durante la Colonia el Rey encarnaba materialmente la legitimidad y el derecho. Nadie la cuestionaba ni la ponía en duda. Pero qué hacer con una entelequia como la nación. Los individuos que la componen tienen diversos estatus, raza, profesión e incluso credo. La única manera de volver asible esta abstracción es recurriendo a otra, el Estado, que finalmente debe traducirse en algo más concreto: el gobierno.

Es más, para efectos prácticos e históricos, el presidencialismo mexicano, que institucionaliza el general Lázaro Cárdenas, terminó por convertirse en la "verdadera" encarnación del Estado y la nación. Durante seis años, el jefe del Estado, del gobierno y del partido del Estado (PNR y luego PRI) actuaba como un verdadero monarca. No en balde se hablaba de una monarquía sexenal. Los poderes discrecionales (metaconstitucionales, Carpizo dixit) no enfrentaban más límite que el tiempo. Al cabo de seis años se debía entregar el poder, si bien el último y definitivo privilegio era nombrar al delfín. Es por eso que en el caso del artículo 27 se puede hablar de un triple mito. El primero está en ver la Constitución del 17 como un perfeccionamiento de la del 57, tal como lo postulaba Reyes Heroles. Pero cómo hablar de continuidad cuando los liberales del siglo XIX postulaban al individuo y sus derechos (entre ellos el de la propiedad privada) como el centro y el fin del orden democrático. Cómo hablar de continuidad cuando Juárez impulsó la disolución de las viejas formas de organización social (comunitarias) para dar paso al ciudadano libre e independiente. Así que, para decirlo en pocas palabras, si Juárez hubiese examinado el proyecto del artículo 27 lo habría considerado, con razón, reaccionario y premoderno.

El otro gran mito es la pretendida originalidad de la Revolución Mexicana que habría elevado los derechos sociales (educación, salud, etcétera) a rango constitucional. Fue, se nos dice, precursora de lo que luego ocurrió en Europa y, en menor medida, en Estados Unidos. Esta tesis es parcialmente cierta, pero omite dos cuestiones fundamentales: la primera, ya mencionada, el artículo 27, eje toral de la Constitución mexicana, es de corte eminentemente premoderno. La segunda es que los derechos sociales y las formas de organización comunitarias (ejidos y comunidades indígenas) se transformaron en un mecanismo de control político al servicio de un régimen autoritario con prácticas premodernas y antiliberales.

Por último, el mito de que entre el artículo 27 y el desarrollo del estatismo, que culmina paradójicamente con las reformas de 1983, hay un desarrollo lógico y deseable. Porque hay que recordar la gran paradoja: es precisamente bajo el gobierno de Miguel de la Madrid que se establece el monopolio del Estado en varias áreas estratégicas (incluida la petroquímica) y la famosa "planeación democrática de la economía" -inscrita en el artículo 26 constitucional.

Don Juventino, que aunque anciano (pues qué se traen ahora con la edad, al pelón Carbonell me lo desestiman por joven y al locuaz Juventino por anciano) también tiene acceso a como defenderse publicó lo siguiente:

De inicio dice una verdad e incurre en una confusión. La verdad es que sí soy un anciano (estoy próximo a cumplir los 90 años), pero invierte el articulista sus apreciaciones sobre mis ubicaciones. Sí soy juarista (me confieso profundamente juarista), pero no jurista, ya que este término lo reservo para especialistas en derecho con una alta calidad de excelencia, de la cual carezco infortunadamente.

Luego se avienta dos-tres chascarrillos más, pero por economía blogueral se omiten, y dice:

La razón del título (y de su complemento), según su autor, es porque aprecia don Jaime que en mi intervención en el texto manifesté una barbaridad cuando dije que nuestra Constitución Política, además de ser Ley Suprema, contiene las bases de nuestra identidad. [...]

Lo dije, y ahora lo ratifico y lo razono. La cultura de las naciones se plasma debido a la existencia de una especificidad colectiva que identifica a los componentes de esas naciones y une a sus pueblos dentro de una patria común, distinta de otras patrias, porque éstas son el producto de sus propias culturas. La nuestra no es ni indígena ni española, sino la que hemos conformado a través de la lucha por nuestras mejores causas y los idearios que adoptamos dentro de ellas.

A su vez esos idearios se redactan en pactos. El discurso nacional se incorpora a él como constancia de los principios esenciales de la nación. Ejemplifico: dice el segundo párrafo del artículo 2°: “La nación tiene una composición pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos, indígenas que son aquellos que descienden de poblaciones que habitaban en el territorio actual al iniciarse la colonización…”

El artículo 3° (en su segundo párrafo) dice textualmente que: “La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria y a la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia”.

En la fracción I que “la educación será laica y, por tanto, se mantendrá por completo ajena a cualquier doctrina religiosa”. En el inciso a) de la fracción VI (no hemos salido aún del artículo 3° constitucional) se ordena que la educación primaria, secundaria y normal de las escuelas particulares deben “impartir la educación con apego a los mismos fines y criterios que establecen el segundo párrafo y la fracción II”. Principios que ya transcribí.

[...]

Son algunos de los tantos principios mexicanos que nos distinguen y nos integran como una identidad nacional dentro del concierto internacional. Pero llamo especialmente la atención de lo que dispone el artículo 27, en su párrafo tercero, que usted considera confuso en su totalidad. Se lo transcribo como respetuosa cortesía para usted:

“La nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público, así como el de regular, en beneficio social, el aprovechamiento de los elementos naturales susceptibles de apropiación…”

Y en su párrafo cuarto: “Corresponde a la nación el dominio directo de todos los recursos naturales de la plataforma continental y los zócalos submarinos de las islas… el petróleo y todos los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos…”

El 28 lo complementa con rotundez: “No constituirán monopolios las funciones que el Estado ejerza de manera exclusiva en las siguientes áreas estratégicas: (...) petróleo y los demás hidrocarburos, petroquímica básica…”

Advierta, don Jaime, que creo no haber incurrido en el barbárico atrevimiento de interpretar en cualquier forma el texto constitucional bajo el uso de falsedades, de traducir míticamente, o de evaluar falsamente los claros mandatos que la Constitución ordena a los nacionales e impone a los extranjeros como signo distintivo de la especial identidad mexicana. Con el mayor de los respetos, le confirmo: ¡La Constitución mexicana identifica obligadamente a los mexicanos!

Luego, Jaime Sánchez Susarrey, que aunque muy formadito académicamente tiene el hábito de la imprudencia se avienta otra columna dialógica con don Juve. En ella dice:

Primera lección. La Constitución no es ni puede ser el basamento de la identidad nacional. Los congresos constituyentes, en cualquier parte del mundo, fundan órdenes legales de acuerdo con ciertos valores y principios. Entre más abstractos y universales sean dichos valores más posibilidades tienen de perdurar y cohesionar a una sociedad. Por eso la Constitución de 1857, inspirada en los derechos del hombre, es más breve, consistente y clara, con las limitaciones y contradicciones que se le puedan señalar, que la de 1917. O para decirlo de otro modo, lo mejor de la Constitución del 17 está calcado de la Constitución del 57. No sólo eso. Las continuas reformas que se han operado a lo largo de los siglos XX y XXI han transformado el texto constitucional en un mazacote que contiene preceptos tan absurdos como la prohibición de las campañas negativas en los procesos electorales. El gran legislador ha sido desparpajado, poco prudente y caprichoso. Baste tener presente que bajo el priato era el presidente de la República, y no el Congreso ni los congresos locales, quien dictaba las normas constitucionales. Y ahora es la partidocracia la que se sirve con la cuchara grande... o chica.

Segunda lección. El mayor y mejor aporte de la Constitución de 1917, se nos dice, es el artículo 27 constitucional que establece: "La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional, corresponden originariamente a la Nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de trasmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyendo la propiedad privada". Este principio está inspirado en el derecho colonial que, como efecto de la Conquista, reconoció al rey de España como el propietario original de las tierras y las aguas. Sobra decir que esta forma de concebir una comunidad abstracta, la nación, por encima del individuo no tiene nada que ver con la idea de un contrato social entre hombre libres, iguales e independientes con derechos innatos. Benito Juárez hubiera condenado y abominado semejante principio. Lo habría tachado, con razón, de premoderno y conservador. De ahí que resulte absurdo (por no decir tonto) glorificar este comunitarismo colonial y declararse, como hace don Juventino, juarista.

Tercera lección. El texto constitucional no ha sido conducido por una mano divina por la senda correcta. La historia del estatismo y del petróleo en México tiene cuatro estaciones precisas: 1917, se promulga el artículo 27; 1938-1940, se expropian las compañías petroleras y se eleva a rango constitucional la prohibición de otorgar concesiones para explorar y explotar el petróleo; 1960, se prohíben los contratos de riesgo que permiten que Pemex contrate a compañías para explorar y perforar a cambio de compartir el petróleo extraído en alguna proporción; 1983, se define al petróleo (incluyendo la petroquímica básica) como un sector estratégico de carácter monopólico.

[...]

Cuarta lección. Ya señalé que entre los preceptos constitucionales hay artículos tan anticonstitucionales como prohibir las campañas negativas o nimios como determinar en qué proporción debe asignarse el financiamiento público a los partidos políticos. La Constitución es también un catálogo de buenas intenciones que otorga derechos a la salud, la educación secundaria o la vivienda. Sólo falta inscribir el derecho de todo ciudadano a la felicidad absoluta y eterna. Pero los desfiguros no terminan ahí.

[...]

Quinta y última. Si la efectividad y la pertinencia de un texto constitucional se miden por el grado de desarrollo social, económico, político y cultural de un pueblo, hay que reconocer que la del 17 no sale bien librada. Verla como un tótem y venerarla como si fuera las tablas divinas de la ley es más que un error, es una tontería. Las leyes no son ni pueden ser un fin en sí mismas.

Dejemos por ahora hasta aquí a discusión. No sin antes destacar tres aspectos:

-No recuerdo un intercambio intelectual del nivel del debate petrolero (maldiciones de ser tan joven, pues no viví ninguna de las reformas electorales ni políticas donde según los registros de algunos, se dio algo parecido)

-Esta deliberación a la luz de lo que entendemos por constitucionalidad o inconstitucionalidad refleja y confirma la profunda relación entre derecho y política. No se dice abiertamente, pero detrás de ello subyacen muchos de los conflictos políticos que se judicializan o muchos de los aspectos judiciales que se politizan

-Por último, ¿porqué nadie invitó al Licenciado... y a la licenciada también?